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Mensaje del Embajador en Guatemala D. Manuel Lejarreta Lobo en relación con el fallecimiento de Máxi

Queridos compañeros,

En relación al escrito de la Junta Directiva de la ADE (JADE) sobre el fallecimiento de nuestro compañero Máximo Cajal, recibido ayer jueves 24, quiero compartir un par de comentarios.

En Guatemala, como cabía esperar, la noticia tuvo impacto mediático y se recordó el lamentable y condenable episodio de la quema de la Embajada de España el 31 de enero de 1980. El resultado, ya sabido, fue  de 37 muertes, incluyendo siete funcionarios y empleados públicos de esta representación, encabezados por la Segunda Jefatura y Cónsul Jaime Ruiz del Árbol. La placa que se adjunta a este mensaje se encuentra en la zona de recepción de esta Cancillería.

En este país, en aquella época tan turbulenta y aciaga, se descalificó injustamente desde ese momento, con una campaña calumniosa, al Embajador Cajal. Todavía, más de 30 años después, he podido sentir algunos ecos de aquello en el tiempo que llevo como Embajador de España en este entrañable país y el tema sigue siendo muy sensible.

No obstante, con motivo de su reciente fallecimiento, algunas personas se me acercaron o me llamaron para darme el pésame y recordar con afecto a Máximo Cajal. Nuestro compañero, al margen de la citada campaña,  también dejó en Guatemala amigos y muy buenos recuerdos  como persona y  profesional de la diplomacia.

Está previsto que a finales de este año el Tribunal de sentencia de Mayor Riesgo abra la fase oral del juicio por la quema de la Embajada de España, en la que al menos uno de los imputados que siguen vivos tendrá que comparecer. El Embajador Cajal ya había declarado en abril de 2012 por videoconferencia desde la Audiencia nacional en la fase previa de instrucción.

Por correos que nos intercambiamos y una breve conversación telefónica, me consta que, a solicitud de la Fiscalía,  estaba dispuesto a venir a ratificar oralmente sus declaraciones. No era fácil para él venir a Guatemala por lo que suponía de revivir aquel trauma y enfrentar previsiblemente renovadas calumnias y acusaciones injustas, amén de por su avanzada edad, pero estaba dispuesto a hacerlo “si con ello ayudaba a  esclarecer lo ocurrido y que se hiciera justicia.”

Quería compartir lo anterior con todos vosotros en recuerdo de este compañero que tuvo que enfrentar el episodio probablemente mas duro que haya tenido un Embajador de España en los últimos tiempos que, sin duda, le marcó para el resto de sus días pero no le impidió desarrollar la destacada trayectoria profesional a que se hace referencia en el escrito de la JADE.

No conocí personalmente a Máximo Cajal, salvo algún breve saludo cuando el ocupaba puestos de responsabilidad en el MAE y yo era un Secretario de Embajada, pero dada la singularidad y trascendencia de lo que ocurrió en esta Embajada he querido compartir con la ADE y sus asociados estas reflexiones y cómo se percibió aquí su fallecimiento.

Descanse en paz.

Un abrazo desde Guatemala.

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