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Jiménez promete desatascar el tapón de la carrera diplomática

El 3 de octubre de 2010, menos de tres semanas antes de cesar en el cargo, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, proclamaba con orgullo que España había alcanzado por vez primera la cifra de mil diplomáticos, cumpliendo uno de sus mayores anhelos.

Desde 2006 había crecido en casi 200 la cifra de diplomáticos, en un esfuerzo sin precedentes para homologar el volumen de la carrera al peso político y económico de España. Pero la crisis y los recortes presupuestarios hicieron muy pronto imposible mantener el listón. Según datos oficiales, actualmente hay 992 diplomáticos. Las 42 plazas de acceso a la Escuela Diplomática convocadas en 2009 se quedaron en solo 17 en 2010 y este año no se ha convocado ninguna, por lo que ni siquiera se cubrirán las bajas por jubilación, fallecimiento o renuncia.

Para los jóvenes diplomáticos, este parón supone un alivio, pues evitará que siga engordando el tapón que bloquea su carrera profesional. El problema estriba en que, en los años de vacas gordas, cuando se ampliaron las convocatorias para diplomáticos, no se creó un número equivalente de puestos para ellos con su correspondiente dotación económica. Al menos no en el extranjero, donde son más caros, ya que las retribuciones resultan entre dos y cinco veces superiores a las de Madrid.

Pero, para los diplomáticos junior, salir fuera no es un lujo, sino un requisito indispensable para desarrollarse profesionalmente. Por eso, el decreto que regula la provisión de destinos y ascensos dice de forma taxativa que «serán destinados al extranjero en el plazo máximo de cuatro años desde su ingreso» en la carrera.

Ya este año, cuatro diplomáticos que debían haber ido al extranjero, de acuerdo con la previsión legal, no lo han hecho, aunque con carácter voluntario. En 2012 la cifra podría superar la treintena. En un gesto sin precedentes, los 137 integrantes de las tres últimas promociones de la Escuela Diplomática dirigieron el pasado 21 de marzo una carta a la ministra Trinidad Jiménez en la que le expresaban su «profunda preocupación» ante el hecho de que ninguno de ellos hubiera podido optar este año a plaza en el extranjero y solo 10 hubieran logrado una en los tres últimos. «Somos conscientes de unas restricciones presupuestarias que están afectando con especial crudeza al conjunto de los empleados públicos, [pero] nos cuesta entender por qué nuestras peticiones de información han sido hasta la fecha desoídas», se quejaban.

Juan Francisco Montalbán, presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), cree que se trata de «un asunto grave que se veía venir y del que advertimos sin que se nos hiciera caso». Aunque los recortes presupuestarios hayan influido, «es un problema de organización, más que de dinero», agrega.

El pasado 8 de abril, la ministra remitió una misiva a los jóvenes diplomáticos en la que les aseguraba que será «prioridad» de su departamento buscar fórmulas para que puedan salir al extranjero «en un tiempo razonable». Jiménez les aseguraba, además, que la prolongación de su permanencia en Madrid más allá de lo previsto responde a una situación «coyuntural» y no debe consolidarse; es decir, la solución no pasa por eliminar el límite de los cuatro años y convertir en legal lo anómalo. Añade que «sería muy perjudicial para la carrera diplomática que esta se partiera en dos; un grupo que presta servicios en el exterior y otro, con una larga y obligada permanencia en Madrid». En otras palabras, si no hay dinero para crear más plazas en el extranjero, los diplomáticos deberán rotar con más frecuencia.

Fuentes diplomáticas sostienen que se ha creado un grupo de trabajo en la Subsecretaría del Ministerio y que hay consenso para reducir los nueve años que como máximo puede estar un diplomático destinado en el extranjero o, al menos, suprimir las numerosas excepciones que hacen este límite inaplicable.

La filosofía de mover el banquillo ya se ha aplicado este año y se aplicará aún más el próximo, si se retoca el decreto de asignación de destinos. Una reforma en profundidad requeriría tiempo y dinero y la ministra no tiene ni una cosa ni otra. La nueva ley del Servicio Exterior queda como asignatura pendiente para la próxima legislatura.

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